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Full text of "El tío de los chalecos : juguete cómico en un acto y en prosa"

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10713 
ENRIQUE LÓPEZ-MARlN 



EL TÍO BE LOS CHOLÉEOS 



JUGUETE CÓMICO 



acto y ©n prosa, original 




Arehivo ; A. Mate y Paro diz. 



Copyright, by Enrique López-Marín, 1911 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Niiñez de Balboa, 12 

1911 



EL TÍO DE LOS CHALECOS 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en ios países con los cuales se hayan cele* 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traduoción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad dé 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué» 
de, la Norvége et la Hollando. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



EL tío de los chalecos 



JUGUETE CÓMICO 



&ra un acto y &n prosa 



ORIGINAL DE 



ENRIQUE LÓPEZ--MARÍN 



Estrenado en el TEATRO ESLAVA de Valencia, el 15 de 
Diciembre de 1911 



*- 



MADRID 

S. VBLASOO, IMJ\, MAEQOÉi DH SANTA ANA, U OÜP. 

Teléfono námeio 551 

1911 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/eltiodeloschalec30922lope 



Al "malogrado,, poeta 

Pepe Trujillo 

que, en plena juventud, abandonó á las 
musas por el apacible bienestar de una 
burguesía sin lirismos, ni zozobras., su 
viejo amigo 

Ouitaue. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

CARMEN Margarita Carrasca. 

DOÑA LUZ (40 años) Carmen Martínez. 

VICENTA, criada Matilde Galván. 

MARIANO Manuel Ceballos. 

MR. FLORES (60 años) José Serred. 

PACO MIRANDA Ernesto Carbó. 

DON FELIPE JuanColom. 

PÉREZ, sombrerero Francisco Huelva. 

HONORIO, oficinista José Arazo. 



La acción en Madrid.— Actual 



Por derecha é izquierda, las del actor 



SIMIBIMHMilJMJMMJMMJ 



□II IlDlMlDlMlD» 



ACTO ÚNICO 



Gabinete de la clase media. Puerta al foro y otra en cada lateral del 
primer término. Mesa-centro, sillas volantes, etc., etc. Es de día. 



ESCENA PRIMERA 

PaCO Miranda, sentado á la mesa y haciendo números en un 
papel. Mariano, en pie. Ambos fumando 

Mariano Cada día estoy más convencido. No hay 
martingala posible; no hay quien gane di- 
nero en la timba. 

Paco Déjame acabar. 

Mariano ¡Como si no! 

Paco Te digo que esta combinación es un hallaz- 

go. Hacen faltan veinte pases en contra 
para que salte. 

Mariano ¡Saltará!. . Eso mismo decías de aquel famo- 
so tanteo que llaman «la herencia del ruso», 
y ya lo viste; la primera noche nos echaron 
dos llaves. 

Paco Porque lo jugamos mal. Perdiendo se 

aprende. 

Mariano Se aprende cuando ya está uno en la ruina. 

Paco ¿Pero te gusta, no?... 

Mariano Hombre... el vicio atrae. 

Paco Todo el que juega tiene alguna vez un golpe 

de fortuna. 

Mariano ¡En esa dulce esperanza hemos hecho infi- 
nitos estragos!... 

Paco Yo te juro que por mi parte es la última 



6GS772 



— 8 — 

tentativa. Si esto no sale bien... ¡al sui- 
cidio! 

Mariano ¡Bonita solución! (Riendo.) 

Paco ¡No temas!... Con esta martingala es muy 

fácil sacarle cuatro ó seis duros diarios á un 
capital de... quinientas pesetas. 

Mariano ¿Y dónde está ese capital?... 

Paco Hombre... sin dinero no se puede empren- 

der ningún negocio. 

Mariano Entonces... 

Paco ¿No habría manera de...? 

Mariano No sé cómo. Tengo el sueldo retenido, todo 
empeñado... 

Paco ¿Y tu tío, el de Bayona?... 

Mariano ¿Mesié Flores?... 

Paco ¿El rico fabricante de chalecos, no...? 

Mariano Mesié Flores... está cansado de dar frutos. 
¡Le tengo sacrificado!... 

Paco ¡Tanto como te quiere!... 

Mariano Ya no hay pretexto. 

Paco Para pedirle dinero á un tío, y á cualquiera, 

nunca falta un motivo. 

Mariano Te digo que tengo agotados todos los proce- 
dimientos. 

Paco Diciéndole que tienes un chico muy grave... 

Mariano ¡Si no tengo chicos! 

Paco ¿Cómo? 

Mariano En estos últimos meses he hecho un destro- 
zo con la familia. 

Paco ¿No has dejado ninguno vivo? 

Mariano ¡Ni uno! Al pobre Marianito... lo maté del 
sarampión. Al pequeño de garrotillo y á la 
niña del tifus. 

PaCO ¡Qué horror!... (Riendo.) 

Mariano Así le fui sacando dinero para médicos, bo- 
ticas y funerarias. Últimamente he tenido que 
enterrar á mi mujer. 

Paco ¡Pobre Carmen! 

Mariano Y como esta defunción era cosa más seria... 
me giró mil francos. 

Paco ¡Un funeral de primera!... Cobramos juntos 

el cheque. 

Mariano ¿Te acuerdas?... Aquella célebre tarde que 
no pudimos acertar dos cartas seguidas. 

Paco Lo peligroso es que al tío de los chalecos se 

le antoje de pronto venir á Madrid. 



— 9 — 

Mariano ¡Sería un conflicto!... Pero no cre¿... Es un 
buen señor de costumbres sedentarias, muy 
comodón. Su fábrica, su paseo por la tarde, 
y á las diez en la cama. Viaja poco; una vez 
al año; cuando va á Londres por lanas. 

Paco Menos mal... si no te amenaza ese peligro. 

Mariano Me prometió venir por conocer á mi mujer 
y á los chicos, pero... como ya no existen... 

Paco ¿Le vas á estar engañando toda la vida?... 

Mariano Tengo un plan; pedir un mes de licencia 
en el Ministerio y una nómina anticipada y 
presentarme en Bayona con la familia. 

Paco ¿Con otra que vas a inventar?... 

Mariano Con la misma; resucitan todos. Allí le cuen- 
to una historia triste, y con la alegría de 
vernos me perdona los embustes y los sa- 
blazos. 

Paco ¿Muchos, eh?... 

Mariano ¡N T o tienes idea!... Recién casado... cada dos 
ó tres meses le hacía creer «que tenía un 
nuevo servidor». 

Paco ¡Pero, hombre!... 

Mariano Yo mentía, mentía, y luego... se me olvida- 
ba lo que le había escrito. 

Paco ¿No le llamó la atención tanta... fecundi 

dad?... 

Mariano Sí; me preguntó una vez que si teníamos en 
casa escuela de párvulos. 

Paco ¡Naturalmente! Y ahora te va á preguntar si 

está el cólera en Madrid. 

Mariano No; me dice que tenga resignación «con los 
altos designios de la Providencia». 

Paco ¡Pobre señor!..! ¿Cuánto tiempo hace del úl- 

timo hachazo?... 

Mariano Desde que enviudé; un mes próximamente. 
Ahora me supone enfermo de hipocondría. 

Paco ¡Magnífico!... ¡Pues ya está!... 

Mariano ¿Qué? 

Paco El gran pretexto para un sablazo monu- 

. mental. (Escribiendo en el aire.) «Querido tío: 

Los médicos me recomiendan largos paseos 
en coche por el campo. Mándame dinero 
para un automóvil.» 
Mariano Tanto como un automóvil... Pero sería una 

fórmula. (Saca el reloj y lo mira.) Chico, las 

once. Voy á dar una vuelta por la oficina. 



— 10 - 



Paco 
Mariano 

Paco 



Mariano 
Paco 

Mariano 
Paco 



Mariano 



Te acompaño hasta el Suizo. 
Vamos. Después de almorzar redactaremos 
una carta con cierta travesura... 
Como te haga yo el borrador... antes de 
ocho días tienes aquí un «40-H-P» con mú- 
sica. 

¡Quita gasolina! 

Lo que te digo; que se dé mucha prisa á 
vender chalecos. 
¡Pobre tío! 

¡Más pobres somos tú y yo! Déjate de escrú- 
pulos. Un hombre viejo, solo... sin más he- 
redero que tú... Que te dé algo á cuenta... 

¿Más?... (Mutis charlando y riendo los dos por el 
foro derecha.) 



ESCENA II 

Carmen y Doña LUZ, por la primera izquierda; ésta trae en la 
mano unos periódicos de modas 



Carmen (Dentro.) ¡Mariano!... (saliendo) ¡Mariano!... 

(Sale doña Luz.) 

Doña Luz ¿Se fué? 

Carmen ¡Échele usted un galgo! 

Doña Luz Haorá salido con ese amigo que estaba 
aquí. 

Carmen Siempre que viene se lo lleva. Los hombres 
casados no debieran tener amigos. 

Doña Luz Sí, déjele usted que vaya con ellos. Tener al 
marido siempre en casa es un aburrimiento. 
Un marido no es un imperdible. 

Carmen Bien; pero creo que no debieran tener cier- 
tos amigos. Este Taco Miranda que estaba 
aquí me parece un mozo de cuidado. 

Doña Luz Si no fuera ese sería otro. Todos son igua- 
les. 

Carmen Mariano lleva una temporada... que ni atien- 
de á la casa, ni se cuida de los chicos .. 

Doña Luz Los señores maridos todo lo toman á juego. 

Carmen ¡Ay, doña Luz, todo! ¡Y el mío... hasta la 
paga! 

Doña Luz ¿También esas cositas? 

Carmen En cuanto cobra, todos los meses tenemos 
la misma tragedia. ¡El Bacarrat! 



— 11 — 



Doña Luz 
Carmen 



Doña Luz 
Carmen 
Doña Luz 

Carmen 



Doña Luz 
Carmen 



Doña Luz 



Carmen 
Doña Luz 

Carmen 
Doña Luz 



Carmen 
Doña Luz 



Carmen 

Doña Luz 

Carmen 
Doña Luz 

Carmen 
Doña Luz 
Carmen 
Doña Luz 

Carmen 



¡Hola, hola! 

Sí, señora. Según dice, hace una «vaca» con 
un compañero... y nos deja sin ella en el 
cocido. 

¿No gana nunca? 

¡Nunca! ¡Y se me pone de un humor!... 
Lo milagroso es que no le eche á usted la 
culpa de su mala estrella. 
«Mira, Mariano, hijo mío— le digo á lo me- 
jor— á ver qué se hace. Estoy sin dinero.» 
Pues, estamos apré, me contesta. 
¿Apréf... ¿Eso es francés? 
Términos del juego que emplea para decir- 
me que está lo mismo que yo. ¡Maldito sea 
el juego, Dios me perdone!... El tapete ver- 
de acabará con la felicidad de esta casa. 
¡Son de lo que no hay!... Siquiera el de usted 
va á probar fortuna y algún día puede tro- 
pezar con ella. ¡Peor es lo que hace el mío! 
¿Peor que jugar?... ¿Las mujeres?... ¿El vino? 
¡Calle usted por Dios!... El mío se gasta lo 
que tiene y lo que no tiene en pipas. 
¡Jesús, qué capricho! 

Manías que le dan. Y lo de menos son las 
pipas, lo caro es el humo que necesita para 
ponerlas como un tizón. 
¿El humo del tabaco? 

De quince á veinte puros diarios. ¡Una chi- 
menea! Coge una pipa, la pone negra, la 
guarda y se compra otra. ¡Una cómoda llena 



de estuches!... ;No es esto 



peor que jugar: 



Lo mismo; impropio de hombres serios, (se 

oye un timbre dentro.) 

Luego dicen que gasta una en moño3 y en 
trapos... 

Esconda usted los figurines. 
No los verá. Siquiera, con esto, sale una á 
la calle medio decente... 
Sí, señora, pero ellos... 
Vaya, Carmencita, hasta luego. 
¿Se va usted? 

Es la hora de que vuelva «ese» del escrito- 
rio, y si no está todo á punto para almorzar 
hay toros y cañas y lo paga con el chico. 

No la detengo. (Se dirigen ambas hacia el foro en 
el momento que aparece Vicenta.) 



— 12 - 



ESCENA III 

DichOS. Por el foro Vicenta. A poco don Felipe. Al final déla 
escena Mariano, dentro 

Vicenta Señorita... El señor de arriba pregunta que 

si está aquí la señora... (por doña Luz.) 
Carmen ¿No lo sabe usted?... Que pase. (Mutis Vicenta 

foro.) 

Doña Luz ¿Para qué?... Salgo yo. ¿Lo está usted vien- 
do? Ni esperar cinco minutos. Aquí dejo los 
figurines. Luego me los llevaré. 

Carmen Como usted guste. 

Doña Luz No quiero sermones. 

D. Felipe ^ \parece en el foro; entra fumando un puro muy gran- 
de en una pipa enorme, extravagante por el volumen 
y la hechura.) ¿Se puede? 

Carmen ¡Adentro, don Felige! 

D. Felipe Un instante, para saludarla. ¿Y Marianete? 

Carmen Bien. En la oficina. 

D. Felipe Con su permiso me llevo á doña Luz. 

Doña Luz fr% hombre, sí; no me escapo... 

D. Felipe ¡No te dará esa tentación! 

Doña Luz ¡Qué gracioso! (irónica.) 

Carmen Hromas de don Felipe... 

Doña Luz Subía yo en este momento. 

D. Felipe Tengo que almorzar al vapor para estar á la 
una en la cervecería. 

Doña Luz (irónica.) Un negocio urgente; de seguro. 

Carmen i. os negocios son dinero .. Hay que trabajar 
mucho, don Felipe... 

D. Felipe No; es que estoy citado con un comisionista 
que me trae de París una pipa foimidable. 

Doña Luz ¿Otra?... 

D. Felipe ¡Un modelo nuevo, Sómmer legítima! Aquí 
no se venden porque no hay quien las pa- 
gue. 

Doña Luz (Burlona.) Pues nada, tratándose de una cosa 
así, no perdamos minuto. \\ almorzar aho- 
ra mismo! 

D. Felipe ¿Qué sabes tú lo que vale eso? 

Doña Luz Hay que ver lo que puede ocurrir si vas 
tarde y no ves al comisionista. 

D. Felipe ¡No lo digas burlonamente! 



— 13 — • 

Doña Luz ¡Dios me libre!... ¡Una cosa tan útil como 

una pipa! 
D. Felipe ¡Para ti no lo será! 
Doña Luz ¡Vamos, vamos!... Se me olvidaba... Vengan 

los figurines... Yo también tengo que ver á 

la modista... 
D. Felipe ¿Tú? 
Doña Luz Me voy á hacer una falda-pantalón, modelo 

auténtico de la casa «Musiú», también de 

Parí?... Saldremos juntos; tú con la pipa y 

yo con la falda... 
D. Felipe Pero... 
Doña Luz Vamos, que se nos hace tarde... Hasta luego,. 

Carmen. Buenos días... (Mutis por el foro.) 
Carmen Hasta luego, doña Luz. 
D. Felipe ¿Lo ve usted cómo sería mejor que se esca- 
pase? 
Carmen ¡Qué cosas dice ustedl (Riendo.) 
D. Felipe Le molesta que uno fume... Una cosa tan 

inocente... 
Carmen Es que. . 
D. Felipe Es que en llegando á cierta edad se ponen 

ustedes intransitables. ¡Buenos días, señora! 
Carmen ¡Adiós, don Felipe! 
D. Felipe Salude á Marianete en mi nombre... (Timbre 

dentro.) 

Carmen Con mucho gusto... 

D. Felipe Y usted perdone estas escenas de... amorosa 

cordialidad... 
Carmen ¿Dónde no las hay?... (Mutis don Felipe por ei 

foro. Carmen se acerca también, despidiéndose.) 

Mariano (Dentro.) ¡Hola, vecino! 

D. Felipe (Dentro.) ¡Adiós, don Mariano! He bajada 

por mi mujer... Tengo mucha prisa... 
Mariano (Dentro.) ¡Vaya usted con Dios! 



ESCENA IV 

Carmen y Mariano, que entra precipitado por el foro 



Mariano ¡Carmencita de mi alma! 

Carmen ¿Qué es ello? 

Mariano ¡La catástrofe! 

Carmen ¡Ay, no me asustes, habla! 



- 14 — 

Mariano ¡Mi tío en Madrid! 

Carmen ¡Mejor! ¿No te alegras? 

Mariano Es que tú no sabes.,. 

Carmen ¿Cómo no ha venido á casa directamente? 

Mariano ¡La Providencia! 

Carmen ¿Pero qué?.... 

Mariano La Providencia que le ha hecho pasar por 
delante de mis ojos en un ómnibus. 

Carmen ¿Estás seguro?... ¿Le viste bien?... 

Mariano ¡Mi tío, mi tío, el propio Mesié Flores! No lo 
dudes un momento. 

Carmen Es muy extraño que no haya venido aquí. 

Mariano Lógico y muy lógico. Cuando yo te lo digo... 
No ha querido venir hasta saber... Esto es 
que la carta de la hipocondría le ha alarma- 
do y se ha dicho: ¡Allá voy! 

Carmen ¿La hipocondría? 

Mariano ¡Pobre señor! ¡Me quiere tanto! ¡Soy un in- 
fame! 

Carmen ¿Qué dices? Habla claro. 

Mariano No quería que tú supieras... 

Carmen ¿Qué pasa? 

Mariano Pasa que... los niños han subido al cielo. 

Carmen (Muy sorprendida.) ¿Cómo?... 

Mariano Tú estás enterrada y yo al borde del se- 
pulcro. 

Carmen ¿Te has vuelto loco? ¿Qué le has escrito á 
ese hombre? 

Mariano ¡Un montón de mentiras para sacarle di- 
nero! 

Carmen ¡Mariano! 

Mariano Perdóname, Carmen. Soy un criminal, un 
miserable, pero te quiero mucho... Si tú no 
me ayudas y el tío lo descubre todo... 

Carmen ¿El juego, eh? 

Mariano ¡Sí!... Bien sabe Dios que por evitarte cier- 
tas privaciones... he duplicado las que te- 
nías perdiendo cuanto jugaba. 

Carmen ¿Es posible? (con tristeza.) 

Mariano ¡No me riñas! ¡No lo haré más! ¡Te lo juro! 

(Abrazándola.) 

Carmen ¡Zalamerías ahora! 

Mariano ¡Y siempre! Jugador, bueno, pero enamora- 
do de mi mujercita también. 
Carmen ¡Tunante! 
Mariano ¡Preciosa! (otro abrazo.) 



— 15 — 



Carmen Seamos juiciosos. ¿Qué vamos á hacer? 

Mariano Seguir mintiendo; no hay otro recurso. 
Mira... yo enviudé hace un mes. 

Carmen ¡Ave María Purísima! (santiguándose.) 

Mariano No lo permita el cielo. Esto es de la come- 
dia. No digas tú más tiempo. 

Carmen ¿Yo misma voy á decir que fallecí? 

Mariano Mujer, tú eres... Rosita, por ejemplo. Una 
parienta. Has venido á cuidarme hasta ver 
en qué para esto. 

Carmen ¡Figúrate! En que el tío se enterará de todo 

y- 

Mariano Haciendo bien las cosas no tiene por qué 
saber nada. 

Carmen Mejor sería decirle la verdad. 

Mariano ¡Tiene un pronto terrible! Si sabe que le he 
sacado dinero con embustes da medía vuel- 
ta y no sabemos más de él. 

Carmen Bueno; siga la farsa. Soy Rosita; una pa- 
rienta de la dijunta. 

Mariano Eso es. Los niños murieron todos antes 
que tú. 

Carmen ¡Hijos de mi alma! 

Mariano Sigue la comedia. 

Carmen ¡Ya! 

Mariano Esos niños pueden ser de la vecindad, y 
como yo estoy tan triste... bajan á distraer- 
me algún rato. (Timbre dentro.) 

Carmen Eso es ¿y luego delante del tío nos llaman 
papá y mamá?... 

Mariano Previniéndoles- 
Carmen ¿A los chicos? ¡Cualquiera fía en su discre- 
ción! 

Mariano Tienes razón; es muy expuesto... 

Carmen Ahora vuelven del colegio. 

Mariano Nos van á comprometer. 

Carmen ¿Y qué hacemos con ellos? 

Mariano Por lo pronto... 

Carmen Por lo pronto darles de comer. Son las doce 
y ellos no saben esperar. 

Mariano ¡Sí! ¡Pobrecitos! Que coman y se vayan de 
aquí en seguida. Mira, súbelos á casa de 
doña Luz, que jueguen con Felipito hasta 
la hora del colegio. 

Carmen Eso es fácil. ¿Y luego qué? 

Mariano Que esta tarde iré yo mismo al colegio á 



— 16 — 

ver si los pueden tener allí, como sea, dos ó 
tres días. Hasta que se vaya mi tío. 

Carmen Bueno. ¡Ay, Mariano, Mariano!... 

Mariano ¡No me regañes! Te juro que no volverá á 
ocurrir. 

Carmen Ya lo veremos. (Mutis Carmen foro.) 

Mariano Hace uno caso de los amigos... Es uno dé- 
bil... vicioso... más vicioso que débil... 



ESCENA V 

Mariano, Vicenta por el foro derecha y á poco Honorio, un 
modesto oficinista á las órdenes de Mariano en el Ministerio 



Vicenta 
Mariano 
Vicenta 

Mariano 

Vicenta 

Mariano 

Vicenta 

Mariano 



Honorio 
Mariano 
Honorio 
Mariano 
Honorio 
Mariano 
Honorio 
Mariano 



Honorio 



Mariano 
Honorio 
Mariano 
Honorio 
Mariano 



Señorito... (Entrando.) 

¡Que coman y se vayan! 

¿Los niños? Están con la señorita. Vengo á 

decirle que está ahí... 

(Alarmado.) ¿Quién? 

Ese joven de la oficina de usted... 
¡Ah! ¿Honorio? 
Sí, señor. 

Que pase. (Mutis Vicenta.) ¿A qué vendrá aquí 
ahora este pelmazo? Verá usted cómo todo 
se complica para... 
¿Se puede, don Mariano? 
Adelante. ¿Qué hay? 
Una gran noticia para usted. 
¿Si? 

¡Está en Madrid su tío el de Bayonal 
¡Correo cojo! 
¿Cómo lo sabe usted? 

Porque le he visto en un coche. ¿Y usted 
cómo lo sabe? ¿Ha ido á buscarme al Minis- 
terio? 

No, señor. Fui yo á Telégrafos y allí lo en- 
contré. Me ha preguntado qué tal andaba 
usted de salud. 
¿Y qué le ha dicho usted? 
Que bien. 
Pues mal dicho. 
Yo creía... 

¡Oh, estoy muy enfermo! Solo que no se me 
nota. Bueno... ¿qué más? 



— 17 — 

Honorio Me encargó mucho que no le dijera á usted 
nada. Quiere sorprenderle y por eso vine á 
avisarle á usted en seguida. 

Mariano ¡Huchas gracias! 

Honorio He creído hacerle un favor... 

Mariano Sí, hombre, sí. Está bien. 

Honorio Si le vuelvo á encontrar yo le diré... 

Mariano No se meta usted en dibujos. Lo mío es una 
dolencia moral; ya lo sabe mi tío. ¿Le pre- 
guntó á usted por mi familia? 

Honorio • No le di tiempo. 

Mariano Menos mal. 

Honorio Si usted no dispone otra cosa me vuelvo á- 
á la oficina. 

Mariano Diga usted allí que yo no voy. 

Honorio Hace usted muy bien, don Mariano; cuídese 
usted; que aguarden los expedientes. Lo 
mismo da hoy, que mañana, que pasado... 

Mariano Vaya usted con Dios y muchas gracias. 

Honorio De nada; siempre á sus órdenes. Ya sabe 
usted, señor Flores que, como jefe y como 
particular... 

Mariano Gracias, ya lo sé. 

Honorio Servidor de usted... 

Mariano Adiós, amigo Honorio. 

(Saludos y mutis Honorio por ei foro. Mientras Maria- 
no lo despide aparece por la primera izquierda Car- 
men.) 



ESCENA VI 
Mariano y Carmen 



Carmen 
Mariano 



Carmen 

Mariano 

Carmen 

Mariano 

Carmen 

Mariano 



¿Qué le pasa á tu escribiente? 
Nada; que ha visto en Telégrafos á mí tío y 
el pobre chico ha venido corriendo á decír- 
melo. ¡Quería sorprenderme! 
¿De modo que ya no hay duda? 
¡Era él!... Ya te lo dije. 
Mira, eso3 chiquillos son el demonio. 
¿Qué han hecho? 

Marianito, según dice Felixín, le ha dado 
una morra al chico del sombrerero de abajo. 
¡Bien! 



— 18 — 

Carmen No te rías. Se mete con todos los mayores y 
un día nos va á dar un disgusto. Dice que 
le ha querido quitar un cañón de plomo. Fi- 
gúrate qué motivo para una pelea. 

Mariano ¡Mujer, dejarse quitar un cañón!... ¿Tú sa- 
bes lo grave que es eso? 

Carmen ¡Tómalo á broma! 

Mariano Si me hace mucha gracia. 

Carmen No le regañas, ni le dices nada... 

Mariano Ahora no tengo tiempo. Me voy á buscar á 
Paco Miranda. 

Carmen ¿También tiene papel en la comedia? 

Mariano El de médico. Le va á decir á mi tío que 
estoy muy grave, mu} 7 triste. 

Carmen ¿Con esa cara? 

Mariano No tengo otra. 

Carmen Siquiera, bébete media botella de vinagre 
para palidecer. 

Mariano No es preciso tanta tristeza. Lo que sí vas á 

á hacer tú, es Colocar aquí (Señalando la mesa.) 

cuatro cacharros del tocador como si fueran 

las medicinas. 
Carmen ¿Preparar la decoración? 
Mariano Justo; la misansén. (1) 
Carmen Ahora mismo. 
Mariano Y, esas criaturas, arriba con ellas. 
Carmen ¡Sí, hombre! Descuida. 
Mariano Hasta luego. 

Carmen No tardes tú para almorzar nosotros. 
Mariano Diez minutos. Por Dios, si viene mi tío... á 

ver cómo mientes... que no será la primera 

vez. 
Carmen (Con enojo cómico.) ¿Ah, sí?... 
Mariano Entiéndeme. 
Carmen No tengas cuidado. Tú, viudo y enfermo; 

yo, no soy yo, sino la parienta de la difunta; 

los niños en el cielo... ¡Una desolación! Ya 

me sé el papel. 
Mariano ¡Adiós, Rosita! 
Carmen (mendo.) ¡Que te alivies! 

(Mutis Mariano por el foro y Carmen por la puerta 
izquierda. Breve pausa.) 



(l) Está escrito como debe pronunciarse. 



19 - 



ESCENA VII 

Vicenta aparece por el foro izquierda después del mutis de los an- 
teriores. A poco Carmen, por la izquierda, con varios cacharros de 
tocador 



Vicenta 
Carmen 
Vicenta 
Carmen 

Vicenta 
Carmen 

Vicenta 

Carmen 
Vicenta 
Carmen 
Vicenta 
Carmen 
Vicenta 
Carmen 



Vicenta 
Carmen 



Vicenta 
Carmen 



Señorita... 

(Dentro.) Voy. 

¿No come en casa el señorito? 

(Dentro.) Sí. Ha ido á ver al médico. Vuelve 

en seguida. ¿Y los niños? 

¡Están armando un jaleo! 

¿Por qué? (Sale con los cacharros que deja sobra la 
mesa.) 

Porque no hay más que do3 naranjas para 
los tre3 y cada cual quiere una entera, 
¿No hay pastas? 
Quieren fruta los tres. 
¡Qué niños! 

¡Yo no puedo con ellos! 
No los deje usted solos. Ahora voy yo. 
Sí; venga usted á darles el postre. 
Dos azotitós á cada uno, como chillen mu- 
cho. Dígaselo USted. (Timbre dentro. Medio mutis 
Vicenta.) [Vicenta! (Llamando) 

¡Señorita! 

Si es un señor que parece extranjero, que 
pase aquí y que haga el favor de esperar un 
momento. Vaya usted á avisarme. 

Está hien. (Mutis foro.) 

¡Tenía que ser así! Salir Mariano y presen- 
tarse aquí su tío. Primer acto de la comedia. 

¡Dios nos ilumine! (Mutis por la puerta izquierda.) 



ESCENA VIII 



Vicenta y Mr. Flores por el foro. Este señor habla con marcado 
acento francés, aunque es español 

Vicenta Por aquí. . Tenga usted la bondad de espe- 
rar un momento. 

Mr. Flor. ¡Caramba! Es bien extraño que no esté en 
casa. 



— 20 — 

Vicenta Ha ido al médico, pero no tardará. 

Mr. Flor. ¿No viene el médico aquí? 

Vicenta No señor. 

Mr. Flor. ¡Desdichado! Tendía que ir á una consulta 
pública... (a la criada.) ¿Y cómo se encuentra? 

Vicenta ¿El señorito?... Bien. 

Mr. Flor. Menos mal... ¿Muy triste, no?... 

Vicenta ¿Triste?... No he notado nada. Esta mañana 
entró por agua caliente en la cocina, can- 
tando el garrotín. 

Mr. Flor. ¿Cantando y por agua caliente? 

Vicenta r^ara lavarse... ¿Le extraña al señor? 

Mr. Flor. No. Yo creía... 

Vicenta Ahora avisaré á la... 

Mr. Flor. No; no moleste á nadie por mí. No estan- 
do él, los demás me tienen sin cuidado. No 
los conozco. 

Vicenta Bueno. 

Mr. Flor. Vaya usted á sus quehaceres. Aquí espero 
sin prisa al señorito. 

Vicenta Con permiso del Señor. (Mutis por el foro Vi- 

centa.) 

Mr. Flor. ¡Infeliz! Canta por ahuyentar sus penas y 
va por agua él mismo porque no tiene quién 
le atienda. Que cante y se lave no quiere 
decir qu^ esté bien de salud. ¡Pobre Maria- 
nol .. ¡Tiene mala suerte este muchacho, 
caramba!... Solo, sin familia. Estará aquí 
como en una casa de huéspedes. (Breve pausa.) 
¡El cielo me ha traído á Madrid! 



ESCENA IX 

Mr. Flores y Carmen por el foro derecha. Curiosa y con 
lentitud 



Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 



Carmen 



¡Caballero! 

¡Madam!... (¿Quién será esta bella señora?...) 

¿Espera usted á Mariano? 

Mi sobrino, precisamente. Supe que estaba 

enfermo... ¡Caramba, diga usted, cuánta 

desdicha, una tras otra! 

Sí señor. . ¡El pobre!... Tome usted asiento... 

(Le ofrece una silla y se sientan los dos.) ([Qué tra- 
bajo me cuesta mentir!) 



— 21 



Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 



Carmen 

Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 

Carmen 

Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 



Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 

Mr. Flor. 
Carmen 



Mr. Flor. 



Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 

Carmen 
Mr. Flor. 



(Es muy bonita esta señora. )¿Usted será la?... 
De la familia de la difunta... 
Sí. Ya decía yo... La cara de usted, que es 
un conjunto de perfecciones, me recuerda 
el retrato de la pobre Carmen. 
Estoy al cuidado del enfermo, como una 
hermana. 

Como una hermana de la caridad. 
Eso es. 
¿^oltera?... 
JNo señor; viuda. 

¿También?... ¡Caramba, en esta casase mue- 
re todo el mundo! 

Cuando á la desgracia le da por cebarse en 
un sitio... 

¿Ya hará tiempo que usted.. ? . 
No; muy poco. 
Como no la veo de luto... 
(¡Qué torpeza! ..) Sabe usted... fué un capri- 
cho raro de mi esposo. Poco antes de morir 
me dijo: «Mira, Rosita, no me lleves luto... 
Te sienta muy mal lo negro y no quisiera 
verte así » 

¡ \h! (Con vencidísimo.) 

Yo., por no contrariarle... 
Muy bien hecho. 

Desde entonces estoy aquí al frente de la 
casa, al cuidado de los niños... 
¿Los niños?... 

(Rápida.) Sí, los niños de arriba, que bajan 
de vez en cuando á jugar con el enfermo... 
Por distraerle, ya comprenderá usted. El, 
quería tanto á los suyos... 
Sí, sí. Los chiquillos lo alegran todo... ¿Y 
piensa usted permanecer en esta casa mu- 
cho tiempo? 

No lo tengo pensado. Creo que no. 
¿Qué va usted á hacer? 
Tampoco lo sé. 

Yo SÍ (Levantándose.) 

¿Usted, caballero?... 

Yo. Se me ha ocurrido cuál puede ser su 

porvenir. 

¿Así tan de pronto? (Levantándose.) 

Las grandes ideas son como las tormentas; 
surgen de repente. 



— 22 — 



Carmen Vamos á ver. (Riendo.) ¿Qué es ello? 

Mr. Flor. Muy sencillo. Ahora nos vamos á Bayona 
mi sobrino, usted y yo. A él lo pongo al 
frente de la fábrica. 

Carmen . Muy bien. ¿Y á mí? 

Mr. Flor. De ama de llaves. 

Carmen (Riendo.) No está mal dispuesto. 

Mr. Flor. Nos cuida usted á los dos. ¿Quién mejor?... 
Una señora formal, viuda, sola, y andando 
el tiempo... 

Carmen (con curiosidad.) ¿Qué? 

Mr. Flor. ¡Quién sabel... Podría el dueño de la fábrica 
merecer algo más que el afecto del ama de 
llaves y... acabar el asunto en boda. 

Carmen (Riendo.) ¡Muy gracioso! 

Mr. Flor. ¿Le parece á usted un desatino?... 

Carmen ¡Oh, no por cierto!... Es que me ha sorpren- 
dido la idea. 

Mr. Flor. No eoy un muchacho, ya lo sé, pero ¡ca- 
ramba!... llevo los cincuenta con cierta ga- 
llardía... 

Carmen Seguramente. 

Mr. Flor. A usted le parecería más natural casarse 
con mi sobrino... ¿verdad? 

Carmen (Riendo.) Es un poco más joven. 

Mr. Flor. ¡Y más loco! ¡Oh, si usted supiera! 

Carmen ¿Qué?... Hable usted, (curiosa.) 

Mr. Flor. Yo no le aconsejaría á usted un marido 
así... 

Carmen ¿No?... 

Mr. Flor. Si la pobre Carmen hubiera llegado á ente- 
rarse de ciertas cosas... ¡Usted no le conoce! 

Carmen ¿Un tronera, eh? 

Mr. Flor. ¡Una bala perdida! 

Carmen (Preocupada.) ¿Qué me dice usted? 

Mr. Flor. Recién casado tuve que enviarle dos mil 
francos por evitarle un drama de familia, 

Carmen ¡Hola! ¿Un drama?... 

Mr. Flor. Un lío con una camarera, según me dijo, 
que quería presentarse á su hermana de 

USted Con... (Por mímica: con un niño.) 

Carmen ¡No sabía nada! 

Mr. Flor. Pues... le dio el dinero y... ¡como mano de 

santo! 
Carmen (¡Ah, pillo!) 
Mr. Flor. A otra fulana le cambió unas cartas com- 



— 23 - 

prometedoras por un mantón de Manila. 
Otros mil francos. ¡Siempre así! Conque 
usted verá si se atreve con un ciudadano de 
este calibre y tan enfermo como está. (Timbre 

dentro.) 

Carmen ¡Ni soñarlo!... Lo que no creo es que Maria- 
no quiera abandonar su destino... 

Mr. Flor. Bueno. El lo perdería. Si él no viene... me 
la llevo á usted sola, (carmen ríe.) Ríase us- 
ted. En cuanto asome por ahi le anuncio 
que se va á quedar sin enfermera. 



ESCENA X 

DichOS. Por el foro PÓT6Z el sombrerero, ün tipo original 



Pérez 
Carmen 
Pérez 
Mr. Flor. 

Pérez 

Mr. Flor. 

Carmen 

Pérez 

Carmen 
Pérez 
Mr. Flor. 
Pérez 
Mr. Flor. 



Pérez 
Carmen 

Pérez 
Mr. Flor. 
Pérez 



Mr. Flor. 



(Entrando y con modales bruscos.) Servidor. 

¡Adelante! 
¿El señor Flores? 

¡Murió! Digo, ese no. ¿Por qué Flores pre- 
gunta usted, don Mariano ó su tío?... 
Pal caso es igual. Soy el sombrerero de 
abajo. 

Muy señor nuestro. 
Usted dirá... 

Digo que si los chicos de aquí le vuelven á 
pegar al mío... ¡escarmiento á uno! 
Mire usted, vecino... 
¡No miro nada! Es la segunda vez que... 
¡Vea usted lo que dice! 
¡Lo que digo! 

Viene usted equivocado. Aquí no hay chi- 
cos. Los que vienen á jugar son de arriba. 
Suba usted al otro piso y reclame á los pa- 
dres. 

¿Dice usted que son...? 
De arriba, sí señor. En la casa hay muchos 
niños. 

El mío dice que fué... 
¡Ya ha oído usted que aquí no los hay! 
¡Ustedes disimulen!... Yo creí... Me enteraré 
mejor. Subiré á donde sea y... ¡va á ser tibio 
el escándalo!... 
¡Allá usted! 



- 24 — 



Pérez 



Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 
Carmen 



Mr. Flor. 
Carmen 
Mr. Flor. 



Sí, señor. Mi chico es medio tonto; los de la 
vecindad la han tomao con él, pero yo la voy 
á tomar con toda la vecindad... ¡Yo escalabro 
á uno!... ¡Por éstasl... (Haciendo mutis.) ¡Ya es- 
toy harto de que al chico!... ¡Pues estamos 
bien!... ¡Ustés disimulen! (Mutis, furioso, por el 

foro.) 

¡Qué tío tan ordinario!... 
¡Cosas de chicrs! ¡No es para ponerse así!... 
Si el suyo es medio tonto, según dice... 
Tonto, no; salvaje. El peor de la casa. (Flores 

se queda miraudo los frascos de la mesa con gran 

atención.) ¿Qué mira usted? 
Curioseaba estos cacharros. 
Medicinas de Mariano. 
Ya lo supongo. 



ESCENA XI 
Carmen y Mr. Flores, por ei foro derecha Paco Miranda. 

Carmen, al verle, sale á su encuentro hacia la puerta del foro. 
Mr. Flores continúa examinando los cacharros 



Carmen (Aparte á Paco.) ¡Este es el tío! 

Paco (ídem á carmen ) Ya lo sé. Ahí está Mariano. 

Soy el médico. Presénteme usted. 

Carmen (En voz alta.) ¡Adelante, doctor! (Flores se vuelve 
á mirar ) El doctor Miranda... Mesié Flores, 
tío de Mariano. 

Paco ¡Caballero!... 

Mr. Flor. ¡Mucho gusto!... 

Paco Por lo visto he llegado antes que él. 

Mr. Flor. ¿Dónde le ha visto? 

Paco En el Ministerio. Arreglando lo de la licen- 

cia por enfermo... ¡Le traen loco!... No tar- 
dará... Sabe que le espero aquí. 

Carmen Con permiso de ustedes voy á dar una vuel- 
ta por la cocina. Hay que pensar en todo. 

Mr. Flor. Sí, sí; vaya usted... 

Paco Aquí noy quedamos nosotros charlando. 

Carmen Hasta luego, y... ¡bien venido, protector! 

(Marcando y riendo.) 

Mr. Flor. Mersi, Rosita. Lo dicho, dicho. (Marcando tam- 
bién.) 



— 26 — 

Carmen ¡Ya hablaremos! (Mutis foro.) 
Mr. Flor. Cuando usted llegó estaba yo curioseando 
estos cacharros de las medicinas. 

PaCO ¿rJ]s USted profesional? (Alarmado.) 

Mr. Flor. Fui estudiante, pero me pareció tan difícil 
llegar á ser un primer espada, que abando- 
né la carrera. 

Paco Tiene usted razón, amigo mío; en esta ca- 

rrera siempre es uno estudiante. 

Mr. Flor. Cuénteme ust^d. .. ¿Qué hay de Mariano? 

Paco Verá usted... Yo sigo con él un tratamiento 

general, discreto. ¿Comprende usted? Nos- 
otros, los hombres de ciencia modernos, 
somos poco partidarios de extremar la me- 
dicación para no entorpecer la obra de la 
misma naturaleza. 

Mr. Flor. (Tomando un frasco de la mesa y leyendo la etiqueta.) 

Agua de Colonia. 
Paco ¿Colonia?... ¡Ah, sí! Ahora en España se 

emplea mucho para los desvanecimientos, 

para evitar olores fuertes, para el pañuelo... 
Mr. Flor. (Leyendo otro.) Elixir Oriental. 
Paco El fra«co, sí, el frasco; pero esto es un clorhi- 

drosulfato de arsénico que fortalece mucho el 

sistema nervioso. 
Mr. Flor. ¡Ya! Y esto, ¿qué es?... Parece un cosmético. 

PaCO ¡Cuidado COn eso! (Flores le deja de pronto sobre 

la mesa.) 

Mr. Flor. ¿Quema?... 

Paco ¡Peligroso! Es una pomada mercúrico-sulfii- 

rosa .. La venden así para que sea fácil ex- 
tenderla por la región doliente. Medicamen- 
tos contrarios. Esto es: la alopatía. 

Mr. Flor. Viendo estos cacharros no parece que lo 
cura usted por la alopatía, sino por \& perfu- 
mería. 

Paco Usted sabe que, en los momentos de urgen- 

cia, se utilizan todos los tatarretes que se ha- 
llan á mano. 

Mr. Flor. Ya, ya lo veo. (Leyendo otros, sin cogerlos.) Agua 
de Lubin, (*) Agua de azahar. Agua de... 

Paco Lo mando traer á prevención. ¿Sabe usted? 

Como nadie puede decir «de este agua no 
beberé» .. 



(*) Pronuncíese «Lubén». 



— 26 — 

Mr. Flor. Exacto. Bueno; pero, dígame. ¿Cómo le en 
cuentra usted, la verdad?... 

Paco No me gusta nada. 

Mr. Flor. ¿No, eh? 

Paco No, señor. 

Mr. Flor. Es natural. ¡Tanta desgracia! 

Paco ¡Oh! Han sido muchos golpes seguidos sin 

acertar una. 

Mr. Flor. ¿Cómo? 

Paco Quiero decir, sin que la suerte haya tenido 

lástima de él. Un día, y otro, y otro... 

Mr. Flor. ¡Tanto muerto!... 

Paco ¡Un espanto!... 

Mr. Flor. ¡Hace falta mucha resignación! 

Paco ¡No hay quien lo resista!... 

Mr. Flor. ¡Es verdad! 

Paco A usted ls ha traído el cielo á esta casa. 

Mr. Flor. Así lo creo. 

Paco En cuanto Marianito le vea á usted, cambia- 

rá de aspecto. Es lo que tienen estas enfer- 
medades. ¿Viene una racha buena? Cara 
sonriente, color sonrosado, vista alegre... (y 
Vallehermoso). 

Mr. Flor. ¡Qué ganas tengo de abrazarle! 

Paco ¿Y él á usted?,. ¡Oh! Su tío el de Bayona, 

el tío de los chalecos, como me dice algunas 
vects en tono festivo. 

Mr. Flor. ¡Pobre muchacho! 

Paco En cuanto se pasan quince días sin carta de 

usted... ¡de cabeza! 

Mr. Flor. Yo le escribo muy á menudo... No es de 
creer que se pierdan las cartas. 

Paco Sí, señor. ¡No tiene usted ideal Aquí se pier- 

den quince ó veinte cartas seguidas, como 
quien lava. 

Mr. Flor. ¿Tan mal andan los correos? 

Paco ¡Muy mal! Siempre la otra. 



ESCENA XII 

DichOS, menos Carmen. Por el foro Mariano, gritando 



Mariano (Dentro.) ¿Dónde está?... ¿Dónde está? 
Mr. Flor. ¡Mariano! 



— 27 — 



Mariano (Entrando.) ¡Tío de mi alma!... 

Mr. Flor. ¡Ven á mis brazos! (se abrazan efusivamente. Ma- 
riano solloza fingidamente. Breve pausa.) 

Paco Bueno. ¡No hay que darse un mal rato aho- 

ra!... 

Mr. Flor. Déjele usted, doctor... El llanto es la válvu- 
la del corazón que da salida á las penas. 

Paco ¡Es una frase! 

Mr. Flor. Llora, llora todo lo que quieras. 

Mariano ¡Han pido tantas cosas!... 

Mr. Flor. ¡La pobre Carmen! 

Mariano ¡Pobre Carmen! 

Mr. Flor. Marianito, tan alto ya. . 

Mariano ¡Pobre Marianito!... 

Mr. Flor. La nena... 

Mariano ¡Hija mía!... 

Mr. Flor. Y Kelixín... ¡tan mono! 

Mariano ¡Pobre mono!... digo, no sé lo que me digo.. 

Mr. Flo r . ¡Valor! Tú eres joverij puedes crear otra fa- 
milia... Lo principal es que te pongas bue- 
no... ¿Cómo te encuentras?... 

Mariano Yo... después de todo... estoy bien. 

Paco Sí; pero... después de todo. Por supuesto, si 

me hace caso á mí, yo respondo de que se 
cura. 

Mariano Imposible... Estoy muy mal, ya lo sé. La 
ciencia será inútil para curarme. ¿Quién 
puede levantar un muerto?... 

PaCO Cualquiera que sea vivo. (Con marcada inten- 

ción.) 

Mr. Flor. ¿Hace usted milagros? 

Paco No; pero vamos, mi plan curativo... 

Mariano Ustedes los médicos hacen un plan muy fá- 
cilmente, siu tener en cuenta ciertas cosas... 

Mr. Flor. ¿Qué dificultades hay? 

Paco Ninguna; manías de Mariano. Tiene que so- 

meterse á un régimen especial. 

Mr. Flor. Vamos á ver. 

Paco Sólida alimentación, buenos vinos, nada de 

trabajo, grandes paseos en coche propio por 
el campo, dos ó tres horas diarias de casino 
para distraer el espíritu... Ei café, los ami- 
gos, los toros, los teatros, los cines de varie- 
tés. ¡Todo! Al principio se le hará cuesta 
arriba este tratamiento, pero con este plan 
en tres ó cuatro meses... ¡como nuevo! 



— 28 — 



Mariano 

Mr. Flor. 

Paco 

Mariano 
Mr. Flor. 
Paco 
Mr. Flor. 
Mariano 
Mr. Flor. 
Paco 

Mr. Flor. 

Paco 
Mr. Flor. 



Mariano 
Mr. Flor. 
Mariano 
Mr. Flor. 

Mariano 

Paco 
Mr. Flor. 



Mariano 

Paco 

Mariano 

Mr. Flor. 
Mariano 
Mr. Flor. 
Mariano 
Mr. Flor. 
Mariano 
Mr. Flor. 
Mariano 



¿Lo está usted oyendo, tío?... Los médicos 
recetan y no se cuidan de más. 
¡Y tienen razónl Ese plan me parece muy 
bien. 

¡Infalible! Me alegro que usted se lo diga, 
porque á mí no me hace caso. 
Sí, doctor; es que mi sueldo... 
¿No estoy aquí yo?... 
¿No está aquí su tío de usted?... 
ttoy tu fegundo padre. 
No sé cómo agradecerle .. 
¡Déjate de tonterías! 

Déjese usted de tonterías. Su tío es un hom- 
bre rico, de corazón... 

¿Por qué no me has dicjio la verdad de tu 
tstado?... 

l'or delicadeza; eso es natural. 
¿Cómo iba yo á figurarme?... Nada, hay que 
seguir el plan desde ahora mismo. Vamos á 
ver, ¿qué sientes? 

Siento mucho que haya usted venido... 
¿lome? 

listando yo así, tan mal de fondos .. 
No pregunto eso; digo de salud. ¿Qué te 
pasa?... 

No sabría explicarlo .. Unos vahídos... Un 
ardor... 

I iene un volcán en las entrañas. 
Ya he visto que hay a ]uí agua en abundan- 
cia. Oye, ahora que me fijo... ¿no llevas 
luto? 
No.. 

(¡Pues es verdad!) 

V r erá usted... Mi pobre Carmen tenía horror 
a lo negro... 
¿También? 

Y yo, por no contrariarla... 
Como el marido de tu cuñada. 
¿Mi qué?... 

Kosita, hombre; tu enfermera. 
¡Ah, sí! ¡Lo mismo que el marido de Rosita! 
¿Te cuida bien? 

Le diré á usted... como cuidarme, sí; pero... 
no es lo otro, no es aquel interés... Y luego, 
aquí hay cierto desorden... Se gasta mucho; 
todo pesa sobre mí. 



— 29 — 



Paco ¡Todo! ¡Y con lo débil que está! (Débil y sin 

dinero.) 

Mr, Flor. No te apures; yo también tengo mi plan. 

Mariano ¿Si? 

Mr. Flor. Tú, á Bayona conmigo. 

Paco ¿A liayona?... ¡De ningún modo!... Aquel 

clima le sería fatal. 

Mariano Ya oye usted al médico. 

Mr. Flor. Corriente. Pue3 tú aquí, y de todos modos 
te quitaré un peso de encima. 

Mariano ¿Cuál? 

Mr. Flor. Me llevo á Rosita de ama de llaves. 

Paco (¡Ando salero!) 

Mariano ¿A Rosa?... 

Mr. Flor. Hace tiempo que andaba yo buscando una 
mujer española, de ciertas condiciones... No* 
me importa que sea viuda; mejor, más for- 
mal, y quién sabe si luego... 

Mariano Luego... ¿qué? 

Mr. Flor. Que pudiera llegar á ser tu tía. 

Mariano ¿Mi tía?... 

Paco ¡Qué desatino, y usted perdone! 

Mr. Flor. ¿Por qué? 

Paco Una viuda con tres hijos .. 

Mr. Flor. ¿Tres hijos?... No me ha dicho nada de eso. 

Mariano (¡Adiós mi dinero!) 

Paco Los que habrá usted visto por aquí .. (María 

no le hace señas á Miranda que éste no comprende.) 

Mr. Flor. No. Está usted mal enterado, doctor. Esos 
niños son de un vecino de aniba. ¿Veidad, 
Mariano?... Los que juegan contigo. 

Mariano Esos que juegan conmigo son otros y yo sé 
quién es el padre. 

Paco Entonces... ¿cuáles son los de la viuda? 

Mr. Flor. Los tendrá en su casa. 

Mariano No, hombre; se están usted* s armando un 
lio.. 

Paco No habíamos contado con la huéspeda. 

Mr. Flor. Pero ¿hay otra mujer aquí? 

Mariano Quiere decir que... verá usted... (sin saber por 

dónde salir. ^ 



— 30 — 



ESCENA XIII 

DichOS; doña LUZ, por el foro derecha 

Doña Luz Con permiso... ¿No está por aquí? (Desde el 

foro.) 
Mariano (Rápidamente; sin dejarla hablar.) No Señora, por 

allá dentro. 
Doña Luz (Avanzando.) Le veo á usted y es igual. 
Mariano (Esta nos mete en otro lio.) 
Doña Luz Mire usted, Mariano, no hay quien pueda 

con esos chiquillos. 

Mr. Flor. ¿OtrOS?... (Empezando á sospechar.) 

Paco Sí; los de más arriba. ¿Y qué, mucho frío 

por Bayona?... Claro, con esa temperatura 
venderá usted muchos chaleco?... 

Doña Luz (a Mariano.) El mayor quiere los juguetes del 
mío, y ya sabe usted lo que es mi Felipín, 
ni á tiros los suelta. Por poco se pegan... 

Mariano (intranquilo.) Sí; copas de chicos. 

(Paco habla con Flores muy de prisa y en voz baja, 
procurando que no se entere del diálogo de doña Luz 
y Mariano; pero Flores, que ha empezado á sospechar 
que allí hay lío, parece atender más á los otros que á 
Paco.) 

Mr. Flor. Pero, bueno, esta señora... 

PaCO Una Vecina. (Siguen hablando.) 

Doña Luz ¡Mande usted por ellos! 

Mariano En seguida. 

Doña Luz Yo tengo que salir y no quiero dejarlos 
solos. 

Mariano Bueno, sí, señora. Dígale usted á la mucha- 
cha... Terdone usted que no la atienda... Es 

una visita de Cumplido. (Aludiendo á Flores.) 

Mr. Flor, (a Paco.) No acabo de entender... 

Paco Ni yo: como hay tantos, confundo á los de 

arriba con los de más arriba. Todos están 

arriba. 
Mariano ¡Hasta luego, Señoral (Casi empujándola para que 

doña Luz se vaya pronto.) 

Doña Luz Con permiso de ustedes. 

Mr. Flor. ¡Servidor! 

Paco ¡Es usted muy dueña! 

(Doña Luz hace mulis por el foro izquierda. Mariano 



— 31 — 

la acompaña algunos pasos lleno de sobresalto por 
temor á una indiscreción.) 

Mariano (volviendo ai grupo de los otros.) Toda la gente 
de esta casa se desvive por distraerme. 

Paco Y milagro que no han bajado los del gra- 

mófono. 



ESCENA XIV 

Mr. Flores, Miranda y Mariano por el foro disputando violen- 
tamente. Don Felipe (fumando en otra pipa distinta de la que 
sacó en su anterior escena) y Pérez, el sombrerero, que grita como 
un condenado. Miranda y Mariano se miran otra vez llenos de terror 
presintiendo que el tío lo descubre todo 

Pérez (Dentro y dando voces.) Unos que arriba, otros 

que abajo... ¿Qué va ser esio? 
D. Felipe (ídem ídem.) ¡Ño grite usted que no soy 

sordo! 
Pérez (ídem íden.) ¡Mi modo de hablar! 

D. Felipe (ídem ídem.) Estamos en casa ajena. (Entran 

ios dos por el foro.) ¡Ustedes perdonen! 
Pérez ¡Lo mií-mo digo! 

PaCO (Al ver á don Felipe, vuelve la cara y se retira de 

repente hacia la derecha.) (¡Uy!... ¡Don Felipe! 

¡Este sí que lo enreda!) 

Mr. Flor. ¿Otra vez con esa historia? 

Pérez ¡Sí, señor; otra vez! 

Mariano ¿Qué suceda? 

D.Felipe ¡Ha subido á mi casa armando un escán- 
dalo! 

Pérez Necesito averiguar... 

D. Felipe Mariano, hágame usted el favor de decirle á 
este hombre cuantos hijos tengo yo. 

Mariano (sorprendido.) ¿Cómo quiere u^e i que yo sepa 
ciertas cosas? 

D. Felipe ¿No lo sabe usted? ¡Uno! Felipín; que está 
con un flemón hace cuatro días y no sale de 
casa. De modo que mi chico no le ha podi- 
do pegar hoy al de usted. 

Mariano (¡Ya pareció la mo*rá!) 

Pérez Entonces, ¿cuál ha sido? 

D. Felipe (a. Mariano.) ¿No habrán sido los de usted? 

Mr. Flor. Pero, hombre, ¡qué pesadezl Si aquí no hay 
chicos. 



— 32 — 



D. Felipe Perdone usted, caballero, Mariano tiene tres. 

Paco (¡Bacarrat!) 

Mariano (cortando ia frase á don Felipe.) Presento á usted 
á mi señor tío don Félix Flores, rico fabri- 
cante... 

Mr. Flor. Servidor. 

D. Felipe ¡Muy señor mío! 

Mr. Flor. Decía usted que Mariano... 

Mariano Otra confusión... 

D. Felipe ¿tomo Otra Confusión? (Mariano le hace señas ¿ 
don Felipe, pero éste no adivina lo que quiere decir- 
le.) ¿De quién son los que ha subido Car- 
men á casa? 

Mr. Flor. ¿Carmen?... 

D. Felipe ¡Su mujer! 

Paco (¡No hay salvación!) 

Mr. Flor. ¿Qué laberinto es este? 

Mariano Yo se lo explicaré. Un momento, (a Pérez.) 
Usted, ¿qué desea, señor mío? 

Pérez ¡Saber la verdad! 

Mr. Flor. Como yo. 

Mariano Bueno; no tome usted tan en trágico las co- 
sas. Los chicos siempre andan así, hoy se 
mueiden y mañana se besan... 

Pérez Está bien. Yo me pondré al acecho y al pri- 

mero que pille... ¡pum! (Acción de darle un 
revés) Ustedes disimulen... (Mutis foro.) 

Mariano Vaya usted con Dios. 

Mr. Flor. Pero sepamos de ur.a vez... 

D. Felipe (Fijándose de pronto en Paco.) ¡Miranda!... ¿Usted 

por aquí? 
Mr. Flor. (jDéjalo mudo, Dios mío!) 
D. Felipe ¿Cómo van esas martingalas? 

PaCO Regular, don Felipe. (Sonriendo forzadamente.) 

D. Felipe ¿Todavía cesante? 

Paco ¿Quién, yo? 

D. Felipe ¿No me pidió usted una recomendación 
para el ministro de...? 

Mr. Flor. ¿Cesante de qué? ¿No es usted médico? 

D. Felipe ¿Miranda, médico?... Este caballero no co- 
noce á nadie en esta casa. 

Paco Verá usted, yo... 

Mr. Flor. (Estallando como una bomba y rojo de indignación 

contra Mariano.) ¡¡¡Mariano!!! ¿Quieres decirme 
de una vez qué tejido de mentiras hay 
aquí?... ¿Quién es este señor (por Miranda.); á 



— 33 — 

qué viene este otro (por don Felipe.); quién es 
esa Carmen; de quién son esos niños; qué 
sucede en esta casa?... 

Mariano (Muy triste.) ¡Tío, perdón!... 

Paco (a don Felipe.) ¡Buena la ha hecho usted, ami- 

go mío! 

D. Felipe Hombre, yo no sabía.,. 

Mariano Lo que sucede es que, el que dice una men- 
tira, tiene que seguir mintiendo muchas ve- 
ces más para sostener la primera. 

Mr. Flor. ¿Cómo?... (Muy extrañado.) 

Mariano Kosita es Carmen, mi mujer; esos niños son 
mis hijos; yo no estoy enfermo; aquí no se 
ha muerto nadie; todos estamos buenos y 
con mucho apetito. ¡Parece que nos desayu- 
nan con vermouth! 

Mr. Flor. ¿A qué ha venido esta farsa indigna? 

Mariano ¡Tío, escúcheme ustedl Con un destino de 
ocho mil reales no hay familia posible, y 
tuve que ir matándolos uno por uno para 
sacarle á usted dinero. ¡Eso es todo!... Aho- 
ra... (cayendo arrodillado delante de Flores.) ¡má- 
teme usted si quiere por haberle engañado! 

Mr. Flor. ¡Bien, sobrino, muy bien! 

Mariano ¡La lucha por la existencia! ¡Usted no sabe 
lo que es eso! 

Mr. Flor. ¡Levanta del suelo! 

Mariano ¡No me levanto sin su perdón! 



ESCENA ULTIMA 
Dichos, menos Pérez. Después Carmen y Doña Luz, por ia 

primera izquierda 



Carmen 
Mariano 

Carmen 
Mariano 
Carmen 
Paco 



D. Felipe 



(saliendo.) ¿Se almuerza hoy en esta casa? 
Carmen, ven aquí. Arrodíllate delante del 
tío. 

(Sorprendida.) Pero... 

¡Lo sabe todo! ¡Pide perdón! 

(Arrodillándose.) ¡Perdón, tío! 
(¡NOS quedamos Sin automÓVÜI) (Arrodillándo- 
se también.) ¡Perdón, caballero, por la parte 
que me toca! 
(ídem.) ¡Y yo por la indiscreción cometida! 



— u — 

Doña LUZ (Saliendo por la izquierda y asombrándose al ver el 

cuadro.) ¿Qué hacen ustedes? 

Todos (los arrodillados.) ¡Perdón!... ¡Perdón!... 

Mr. Flor. ¡Levántense! ¡Están perdonados! 

Mariano ¡Tío!... ¡Usted no sabe lo que son penas, por- 
que no sabe usted lo que es necesidad! 

Mr. Flor. Bueno, bueno. ¡Basta! Se acabó el drama. 
Cuanto tengo es para vosotros. 

Mariano ¿Qué? (con asombro.) 

Carmen ¿Es posible? (ídem.) 

Mr. Flor. Todos los días se aprende algo nuevo y hoy 
he descubierto que yo... ¡era un gran egoís- 
ta!... 

Mariano ¿Usted, tío? (Curiosidad en todos.) 

Mr. Flor. Yo, sí. ¡Un avarol Allá en Bayona vivía 
corno un hongo, haciendo chalecos y alma- 
cenando miles de francos, mientras vos- 
otros... ¡pobrecitos! andabais por aquí á tiros 
con las pesetas. 

Mariano No podríamos negarlo. 

Paco ¿A tiros?... ¡A cañonazos! 

Mr. Flor. Lo he comprendido tarde, pero á tiempo. 

¿Me perdonáis VOSOtrOS á mi? (Arrodillándose.) 

Mariano ¡Tío de mi alma! 

(Mariano y Carmen lo levantan y le abrazan cariñosa- 
mente.) 

Doña Luz j Pobre señor! (conmovida.) 

Mr. Flor. ¡Siempre conmigo! ¡No pasareis más priva- 
ciones! 

Mariano ¡Cómo pagarle á usted esta alegríal 

Mr. Flor. La alegría es para mí; el bienhechor es 
quien recoge la felicidad del beneficio. 

Paco ¡Usted es un tío de corazón! ¡Choque usted! 

(Dándole la mano á Flores, efusivamente.) 

D. Felipe ¡Mucho que sí! (ídem id.) 
Paco ¡Viva el tío de los chalecos! 

TodOS ¡¡VivaaÜ... (Flores, emocionado, se enjuga una lágri- 

ma mientras los otros chillan y ríen alegres. Anima- 
ción. Cuadro ) 



TELÓN 



OBRAS DEL MISMO AUTOR 



.La casa del duende, apropósito en un acto, original y en verso. 

Bordeanx, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en prosa. (*) 

El fuicio de Fnenterreal, pasillo cómico-lírico, en un acto, divi- 
dido en cuatro cuadros, original y en prosa. (*) 

Los triunviros, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en 
prosa. 

Tres tristes trogloditas, trastada cómico-lírica, en un acto, divi- 
dida en cinco cnadros, original, en prosa y verso. 

Chavea, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en prosa. 

La ¡Sultana de Marruecos, juguete cómico-lírico, en un acto, 
original y en prosa (3. a edición). (*) 

Las manzanas del vecino, cuento viejo en acción, en un acto, 
dividido en cuatro cuadros, en verso y con miísica. (*) 

Los murciélagos, comed ; a dramática, en tres actos, cuatro cua- 
dros, original y en verso. (*) 

S. M. el Duro, fantasía cómico-lírica, en un acto, dividido en cua- 
tro cuadros, original, en verso y prosa. 

La víspera de San Pedro, saínete lírico en un acto, original y 
en prosa. 

Charito, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en verso. (•*) 

El caballo de Atila, juguete cómico-lírico, en un acto, arreglado 
del francés, en prosa. 

Mañana será otro día, boceto cómico-lírico y casi filosófico, de 
tipos y malas costumbres, en un acto, dividido en cinco cuadros, 
original, en verso y prosa. (*) 

El sueño de anoche, pesadilla cómico-lírica sin importancia, en 
un acto, original, en prosa y verso. 

A vuela pluma, exposición cómico-lírica, en un acto y varios bo- 
cetos, original, en prosa y verso. 

Madrid-Colón, bumorada cómico-lírica, en un acto, dividido en 
cinco cuadros, original, en verso y prosa. (*) 

Los maestros cantores, revista cómico-lírica, en un acto, dividi- 
do en cuatro cuadros, original, en verso y prosa. 

Año nuevo, vida nueva, fantasía cómico-lírica, en un acto, divi- 
dido en cinco cuadros, original y en prosa. 

La danza macabra, sueño cómico-lírico-tenebroso, en un acto, 
dividido en cinco cuadros, original, en verso y prosa. 

Miss'Hisipí, bumorada cómico-lírica, en un acto, dividido en cinco 
cuadros, original, en prosa y verso. 

Los cuentos del año , fantasía cómico-lírico-madrileña, en un 
acto, dividido en un prólogo y cuatro cuadros, original, en prosa 
y verso. 

Crispulín, juguete cómico-lírico, en un acto, original, en verso y 
prosa. 

Las hojas del calendario, revista cómico-lírica, en un acto, di- 
vidido en un prólogo y cinco cuadros, original y en verso. (*) 

Los africanistas, humorada cómico-lírica, consecuencia de El dúo 
de La Africana, en un acto, dividido en tres cuadros, original y en 
prosa (8. a edición). (*) 



lia romería del halcón ó el alquimista y las villanas y 
desdenes mal fingidos, presentimiento cómico-lirico y casi 
bufo del admirable sainete La verbena de la Paloma ó elboticario y la» 
chulapos y celos mal reprimidos, en un acto, dividido en tres cuadros, 
en verso y prosa. (*) 
El primer amor, juguete cómico-inocente en un acto, original y en 

verso. 
Eclipse de luna, opereta en tres actos y en prosa, arreglada del 

francés. (*) 
El enigma, (Le sphinx), drama escrito en francés por Octave Feuillet 

y arreglado á la escena española, en tres actos y en prosa. (*) 
La Japonesa, extravagancia cómico-lirico-acrobática, en un acto, 

dividido en tres cuadros, original y en prosa. 
Ea boda de los muñecos, juguete cómico-lirico, en un acto, ori- 
ginal, en prosa y verso. (*) 
Madrid-Cómico, revista lírica en un acto, dividido en cinco cua- 
dros, original, en prosa y verso. (*) 
Música proibita, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en 

verso. 
Ea lugareña, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en prosa. 
Charivari, revista cómico-lírico-fantástica, en un acto, dividido en 

cinco cuadros, original, en prosa y verso. (*) 
El fraile descalzo, juguete cómico, en un acto y en prosa. (*) 
Simón es un lila!, parodia lírica, en un acto y en verso, de la 

ópera Sansón y Balila. 
El tío JPepe, juguete cómico-lírico, en un acto, original, en prosa 

y verso. 
El mentidero, revista cómico-lírica, en un acto, dividido en cinco 

cuadros, original y en verso. (*) 
Eas de Farandul, juguete cómico-Hrico, en un acto, original y en 

prosa. 
El mentidero. (2. a edición reformada.) 
Venus-Salón, fantasía cómico-lírica, en un acto, dividido en cuatro 

cuadros, original, en verso y prosa (2. a edición). (*) 
El balido del Zulú, pprodia de la zarzuela La balada de la luz, en 

un acto, dividido en tres cuadros y en verso. (*) 
Condición humana, juguete cómico en un acto, original y en prosa. 
Ea dolora, juguete cómico en un acto y en prosa, inspirado en una 

del ilustre Campoamor. (2. a edición.) (*) 
Juan y Manuela, cuento de golfos en acción (imitado de la ópera 
Juanito y Margarita), en un acto dividido en cinco cuadros, en prosa 
y verso. (*) 
Copito de nieve, zarzuela en un acto, dividido en tres cuadros, 

original y en prosa. (*) 
Venus-Salón. (3. a edición reformada. Varias adiciones impresas.) 
El picaro mundo, apropósito cómico-lírico en un acto, dividido 

en cuatro cuadros. (*) 
Eden-Club, apropósito cómico-lírico en un acto, dividido en tres 

cuadros. 
Vida galante, juguete cómico-lírico-transformistaen un acto con 

prólogo. 
¡¡Eagartoü... ¡¡Lagarto!!... juguete cómico en un acto, escrito so- 
bre el pensamiento de una novela italiana. (2. a edición.) 
«Ea condesa X», comedia en dos actos y en prosc (2. a edición). (*) 
La niña bonita, juguete cómico en un acto, original y en prosa. 
El secreto de la esfinge, drama en tres actos y en prosa, arre- 
lado del francés. (*) 
El torbellino, comedia on tres actos y en prosa. (*) 
Macbeth, drama de Shakespeare, adaptación española en cuatro ac- 
tos y en prosa. (*) 



Music-Hall, pasatiempo cómico-lírico en un acto, dividido en do 
cuadros, original, en prosa y verso. 

El estuche <le monerías, juguete cómico-lírico en un acto, divi- 
dido en dos cuadros, original y en prosa. (2. a edición.) 

Venus-Salón. (4.* edición, corregida y aumentada.) 

El caballo <le batalla, apropósito cómico-lírico en un acto, divi- 
dido en un prólogo y tres cuadros, original y en verso. 

Mar de fondo, zarzuela en un acto, dividido en tres cuadros, ori- 
ginal y en prosa. (*) 

Eos hijos del sol, opereta en un acto, original y en verso. (*; 

Eos Campos Elíseos, pasatiempo cómico-lírico en un acto, divi- 
dido en seis cuadros, original y en prosa. (*) 

Venus-Kursaal, (sükursaal de Venus- Salón), pasatiempo cómico-líri- 
co en un acto, dividido en tres cuadros, original, en verso y prosa (*) 

El paraíso de Mahoma, fantasía morisca en un acto, dividido 
en tres cuadros, original, en prosa y verso. (*) 

¡Pido la palabra!, apropósito en un acto, original, en prosa y 
verso. (2. a edición corregida y aumentada.) 

Ea sombra del manzanillo, juguete cómico-lírico en un acto, 
original y en prosa. 

Sábado blanco, capricho cómico-lírico en un acto, dividido en dos 
cuadros, original y en prosa. 

Roberto el "diábolo,, juguete cómico en un acto, original y en 
prosa. 

¡El diablo son los chiquillos!, diálogo cómico-lírico, original y 
en verso. 

El terror de las mujeres, aventura en un acto, original y en 
prosa. 

El jardín «le los amores, opereta en un acto, dividido en dos 
cuadros, original y en verso. 

Eos pájaros de la calle, cuento en un acto, dividido en tres cua- 
dros, en verso, del Teatro para los niños. 

Ea muñequita sabia, comedia en un acto, original y en prosa. 

El cuento del tren, juguete cómico en un acto, original y en 
prosa. 

¡¡Al fin, solos!!, juguete cómico-lírico en un acto, original y en 
prosa. (*) 

El vals de los besos, juguete cómico-lírico en un acto, original 
y en prosa. 

¡Anda, la ópera!, repertorio de argumentos cómicos. — Prólogo 
de Jacinto Benavente. 

El santo de las niñas, humorada en un acto, dividido en tres 
cuadros, original y en prosa. 

Ea de los ojos de cielo, juguete cómico en un acto, original y 
en prosa. 

Comicoinanía, entremés ea prosa, original. 

El tío de los chalecos, juguete cómico en un acto, original y en 
prosa. 



(*) En colaboración. 



Precio: UNQ peseta